Adiós Bernie

Decir que no deseaba que la F1 dejase de una vez por todas de estar ligada al destino de Bernie Ecclestone sería mentir, pero también lo es no sentir nostalgia a la hora de asimilar tal hecho. La Fórmula 1 tiene mucho que agradecerle pero también que reprocharle. Gracias a él se llegó a convertir en una de las categorías deportivas del mundo, seguida y vista por millones de personas; se convirtió en todo un fenómeno de masas y en una máquina de generar cantidades ingentes de dinero. Ecclestone impulsó y multiplicó los efectos que transformaron a una competición automovilística en el 'gran circo' que todos conocemos ahora..., ese mismo espectáculo que ahora peligra, en gran parte porque la misma persona que lo encumbró lo mantenía ahogado.

El veterano empresario no supo ver cuando dejo de ser un visionario para mutar en una especie de avaro que se escudaba en su pasado para proponer y disponer a su antojo. Cientos de sus ideas funcionaron desde que en 1972 adquiere el equipo Brabham y funda la asociación de constructores, un paso que le llevaría a repartir los derechos televisivos entre FIA, equipos y su compañía (entonces FOCA, actual FOA). A pesar de innumerables enfrentamientos con todas las partes implicadas en la F1, problemas de salud, escándalos políticos y salidas de tono, Ecclestone ha dominado de forma directo o indirecta la Fórmula 1 durante casi 45 años, casi medio siglo en el que se ha vivido el despegar de la competición y crisis que casi la destruyen, y ahora una crisis compleja que ha acabado por jubilarle a los 86 años.

Su mejor invento, para él claro está, fue el 'pacto de la concordia' que instauró tres años después de "tomar el control" de la F1 en 1978. Desde 1981, Bernie se convirtió en el máximo responsable y beneficiario de la venta de los derechos de emisión de la Fórmula 1 y de imponer cánones a circuitos, patrocinadores y socios. Como empresario demostró no tener rival y su poder creció hasta la negociación del 'pacto' en 1997 que lo encumbró al máximo nivel. El británico llevó a la competición a conseguir una difusión casi total y a ampliar mercados. Poco a poco, la F1 abandonó la vieja Europa para abrazar el sudeste asiático y oriente medio. La audiencia y las inversiones se multiplicaron al mismo ritmo que las dudas por su viabilidad, sobre todo tras la crisis económica global en la que llevamos inmersos cerca de una década.

En los últimos años hemos vivido la creación y ocaso de equipos, pilotos y circuitos que fueron auspiciados por la visión comercial de Ecclestone. Turquía, India, Corea o Valencia (España), entraron con fuerza en el calendario con la misma velocidad con la que salieron, y Baréin o Sochi (Rusia) se mantienen a pesar de las circunstancias que aconsejarían su no continuidad. El dinero  de países o empresas también posibilitó la creación de equipos que nacieron con fecha de caducidad y la participación de pilotos con nivel insuficiente para llegar a la F1. Bernie puso por encima de la competición, del talento y del espectáculo al dinero, y ese fue su mayor y más grave error.

La Fórmula 1 no podía dejar de ser automovilismo para ser sólo una empresa porque, además, eso supondría la muerte del propio negocio... pero Ecclestone no lo quiso ver. Por eso, aunque ha costado demasiado tiempo, le han tenido que echar. Sí, esa es la palabra: echar. Han intentado que la transición fuera dulce pero los bandazos que ha dado en los últimos años han terminado por precipitar una decisión que permuta una cabeza visible por tres sustentado en un cambio de poder accionarial. Puede que dividir la responsabilidad sea algo problemático si cada uno no tiene claro a qué parcela se dedica.

A que esto no ocurra puede ayudar mucho que una de esas tres patas sobre las que se sustentará la dirección de la nueva F1 sea la de Ross Brawn. Su experiencia es incuestionable y, en principio, su forma de trabajar puede ser una gran ayuda para el resto del equipo. Si no se deja influenciar y se mantiene firme conseguirá lo que muchos esperamos: que se simplifique una competición enrevesada, criticada y cuestionada. Ni él ni ninguno de los otros dos "cabecillas" de la Fórmula 1 son dos chavales pero está claro que pueden darle otro aire diferente al que le ha imprimido Bernie. Sólo tenemos que esperar unos meses para ver si este cambio político se traduce en la pista, y unos años para saber si salva a la F1 de una mutación extrema o de su desaparición definitiva.

Previa EE.UU. 2016: ¿Qué ocurrió el año pasado?

Los cambios de nivel de la pista de Austin se convirtieron en una metáfora de lo ocurrido en el fin de semana del Gp de Estados Unidos de F1 de 2015. Una montaña rusa de emociones, resultados y decisiones. Como es habitual, la nota negativa se la ganó la FIA y la FOM. Entre ambos volvieron locos a unos organizadores que respondieron con solvencia a la incompetencia de los demás. Sería más vehemente y agresivo con Ecclestone, Todt y toda la panda, pero después de lo visto en la carrera decidí que el mayor desprecio era no hacer aprecio. Convirtieron a los espectadores en mártires (otra vez), impusieron a los pilotos y equipos sus discursos para que todo no pareciera un chiste mayor y, lo que fue más grave, jugaron con la seguridad de todos a su gusto. No merecían más tiempo ni palabras porque su poca falta de vergüenza y criterio es tan evidente que no necesita más explicación ni debate.

A pesar de los esfuerzos de tanto chupatintas e inversor sin escrúpulos por pervertir aún más la F1, la propia competición pareció haberse revelado ante tanto ataque y dio un espectáculo tremendo. La clasificación, incluso recortada, fue un ejemplo perfecto de lo que es correr bajo la lluvia. Un aperitivo de lo que ocurriría 4 horas después. Con la tormenta desapareciendo por el horizonte imperó la cordura y, con la pista mojada, se dio la salida sin ningún coche de seguridad por delante.

Lo que vino después fue digno de ver repetido una y mil veces, una carrera histórica en la que no hubo certeza ninguna de cómo acabaría todo. Hamilton sufrió para vencer y conseguir su tercer mundial. El británico se impuso gracias a su esfuerzo y a un nuevo error de un Rosberg destrozado por verse, cada vez, más lejos del nivel de su compañero. El doblete de Mercedes se llegó a ver amenazado por unos Red Bull excelentes bajo una pista con condiciones cambiantes. Un gran inicio de carrera para ellos que acabó con un accidente para Kvyat y con un Ricciardo robando el último punto a un Alonso que vivió una carrera muy competitiva a pesar de su nula recompensa. Los McLaren se mostraron mucho más competitivos y sólo algunos problemas de fiabilidad, y algo de mala suerte, evitaron que se llevaran más puntos de Austin. Un botín que logró Toro Rosso, con una exhibición de sus dos pilotos. Verstappen y Sainz pusieron en apuros a media parrilla. Entre ellos, a los Ferrari, que sucumbieron durante algunas vueltas a los jóvenes del equipo de Faenza. Kimi ni pudo con ellos pero Vettel sí.

El alemán seguía aspirando al subcampeonato con su consistencia y buen trabajo. Dos características que no demostraron los Williams, con problemas de fiabilidad, estrategia y errores de conducción. Dos abandonos a los que había que sumar otros 6, lo que permitió una gran 12ª plaza para Alexander Rossi en su carrera de casa; y una buena 5ª para Pérez antes de la suya. Era un escueto resumen de una cita que pasó de decepcionarnos como siempre a entretenernos como nunca.

¿Nuevo formato de clasificación? No y no

Afortunadamente, la primera queja que iba a expresar sobre el nuevo formato de clasificación en la F1 la solucionaron en los primeros minutos, pero es la única que han solucionado y, también, viendo el resultado, la menos importante. Faltaba un reloj de cuenta atrás con los primeros eliminados y llegó. Con este contador extra se disfruta con más claridad y emoción de un formato que hace necesario una buena coordinación dentro de los equipos. Para lograrla tendrán que confiar en la figura (o figuras) de un estratega que estudie bien la situación en pista, el tráfico, el clima, las posibilidades de cada piloto y, sobre todo, el tiempo que resta para el siguiente K.O.

Los equipos más modestos han sufrido ante una regla que, se supone, deberían aprovechar para buscar la sorpresa. Un nuevo formato al que veo un problema que quedó patente en la Q2. Tras la eliminación de Magnussen, las dos siguientes "víctimas" ni se inmutaron y se quedaron en el garaje para no gastar más tiempo del necesario. Poner las cartas sobre la mesa desde el inicio hace que sea inútil un segundo intento para rascar una posición. Saberse eliminado desde el principio resta toda la emoción que se había intentado dar con este nuevo sistema.

El excesivo consumo de neumáticos de los más modestos también es un lastre para este nuevo sistema. Los pilotos que pelean por escapar de la Q1 y llegan a Q2 sin posibilidad de pisar la Q3 se quedan con el tiempo de su primer intento y no vuelven a pista, algo lógico si tenemos en cuenta que están obligados a usar ese mismo compuesto (el más blando) para empezar la carrera, y con los 7 pilotos que se quedaron en Q1 con total libertad de elección.

Como esperaba, este nuevo sistema agrava muchos problemas que ya tenían los coches más lentos y acentúa la supremacía de los mejores; y resta emoción y actividad, muchísima, durante muchos minutos. Las distancias entre equipos hace previsibles los resultados y provoca escenas lamentables, viendo como, según pasan las rondas, los pilotos abandonan sus coches. Como ensayo ha dejado bastante que desear y sólo espero que no nos enfrentemos a una ristra de parches para intentar mejorar algo que tiene pocos visos de lograrlo. Ver a Hamilton bajándose del coche con varios minutos de sesión por disputarse es la puntilla a un sistema que ha muerto el día de su estreno. Ojalá impere la lógica por una vez y den un paso atrás. Rectificar es la solución, sí o sí.

El sistema es injusto para todos. No ayuda a los más pequeños, los coches ruedan menos, sólo hay emoción (si podemos decirlo así) en los 5 primeros minutos de cada sesión, la Q3 es la peor de todas, las posiciones están casi decididas desde el inicio, los aficionados no entienden por qué muchos coches se quedan en el garaje ni por qué hay luchas. Siendo respetuoso, comedido y paciente diría que este nuevo formato de clasificación no vale para nada; y no siéndolo puedo expresar sin sonrojarme que es una chapuza.

El futuro de la F1, con la F1

Fuente: Daniele Spagnuolo (@whaterverdaniele)
El último debate lo ha desatado el nuevo formato de clasificación, para unos una idea de videojuego, para otros algo de picante para los sábados y para algunos... una chorrada más. Siempre hay voces negativas y otras nostálgicas que cargan contra la F1 actual, la que nos toca vivir cada año. Se criticaron los alardes tecnológicos de los 90, el monopolio de Schumacher con Ferrari y el de Vettel con Red Bull, la excesiva importancia de la aerodinámica o de los neumáticos. Pero sin riesgo a caer en el negativismo y la nostalgia, puede decir que la Fórmula 1 se encuentra en una etapa que puede hacerla renacer o hundirse por completo. 

Esta crisis en la que se lleva adentrando el ‘gran circo’ durante los últimos años tiene su génesis en las ideas de muchos que han intentado mejorar la F1 sin tener en cuenta la propia F1. Un error muy común que se repite en muchos ámbitos. Se recurre a antiguas soluciones, a copiar a otros deportes o a imponer criterios sin estudio ni reflexión llegados de a saber dónde. Podríamos lanzar innumerables dardos a Ecclestone, a la FIA, a los equipos e, incluso, a los aficionados.

Llegamos a 2016 con críticas a un sistema de competición que, para muchos, está distorsionado en busca de una mayor vistosidad y espectáculo; con una reglamentación técnica y tecnológica que cambia de forma errática para frenar la supremacía de unos en favor de todos, aunque al final sólo se benefician unos pocos; y con el ocaso cercano de una generación de pilotos que no parece tener un recambio claro. Y todo unido a un erróneo enfoque publicitario y comercial de Ecclestone, anclado en la receta con la que triunfó en el pasado siglo.

Reunión pilotos, FIA y FOA (2/3/16): Fuente: @SkySportsF1
En la última década se ha jugado con diferentes sistemas de calificación (ahora veremos sí se implementa otra), con la introducción de varios sistemas que “facilitaran” las maniobras de adelantamiento y con la vida útil de los neumáticos. Lo cierto es que todo ello ha dado sus frutos y la sensación de alternativas durante las carreras ha aumentado más bien poco y de una forma más bien artificial. Pocas veces vemos que las luchas se producen por las habilidades de los pilotos ya que estos ingenios potencian las bondades de los mejores coches y apenas corrigen las deficiencias de los peores.

Los reglamentos técnicos y deportivos han mejorado, y mucho, en materia de seguridad durante los últimos años, pero por lo demás dejan mucho que desear. En ciertos aspectos están anclados a una tradición a la que intentan rendir pleitesía al mismo tiempo que la traicionan. Reglas que dejan muchas decisiones en manos de la arbitrariedad de los comisarios deportivos y que llegan a distorsionar la competición.

Otra pega es la "desaparición de ídolos". Parece que llegaron ayer, que son unos niños, pero Vettel, Hamilton, y, sobre todo, Alonso, Button y Kimi, ya tienen unas cuantas temporadas en sus mochilas. Los cinco campeones (y alguno más) ya empiezan a ver más o menos cerca su retirada de la F1. Es cierto que llegan más pilotos cada año, pero no da la sensación de tengan ese “algo especial” que tienen los que conforman el grupo actual de favoritos. Se señala a Verstappen y se espera a otros como Vandoorme. Sin duda son y serán grandes pilotos, pero muchos piensan que les falta algo más.

Parece, y lo es, un texto bastante negativo, pero no quiero cerrarlo sin una pizca de optimismo que puede dar un vuelco a lo que ahora es la F1. 2016 va a ser un año muy similar a 2015 en muchos aspectos, pero dará alguna pista de lo que puede llegar en 2017. Esta temporada nos puede defraudar y, al mismo tiempo, ilusionar. Dentro de 12 meses habrá coches casi nuevos por completo, la parrilla se renovará y, ojalá, todo ello venga unido de decisiones reposadas para que los reglamentos y todo lo que rodea a la F1 reme en el mismo sentido. Así espero que sea, que se acuerden de que para estar con la F1 hay que ser F1, vivirla y sentirla. Siempre por la F1 y con la F1.

McLaren-Honda 2016: ¿Fracaso, realidad o utopía?

Tras el desastroso 2015 muchos nos preguntamos si en 2016 volveremos a asistir a otra travesía por el desierto de McLaren. Todos sabíamos, a pesar de mantener un pequeño rincón para la esperanza, que los de Woking se enfrentaban a un año de test sobre la pista, a la vista de todos. Los problemas de juventud de la unidad de potencia de Honda se manifestaron muy pronto y de forma muy consistente. La mínima capacidad de maniobra que deja la actual normativa hizo que el equipo se centrará en destapar todos los errores, a sabiendas de la mala imagen que iba a dar que sus coches se quedaran tirados cada dos por tres, que su rendimiento fuera paupérrimo y sus resultados insuficientes para una escudería con su palmarés y trayectoria. Las pocas promesas de mejoría, progreso y evolución se quedaron en nada, y es esto lo que hace que volvamos a dudar de que los cantos de sirena que ya escuchamos de cara a 2016 sean creíbles.

Pero ante la lógica y justificada desconfianza que genera el proyecto británico y japonés a corto plazo, también se pueden encontrar motivos para pensar que pueden ser competitivos en un espacio de tiempo razonable. Aunque se reme con el viento a favor y el dominio sea aplastante, como es el caso de Mercedes, siempre surgen problemas, informaciones interesadas o malintencionadas, y muchos rumores... así que imaginemos el calvario que han vivido todos en McLaren. Desde Ron Dennis hasta el mecánico con menos responsabilidad, todos han sufrido una temporada de locos en la que sus pilotos, los más expuestos, han sentido de todo: enfado, esperanza, ironía, apatía... Alonso y Button no han tenido más remedio que afrontar un 2015 con un monoplaza muy alejado del ritmo y la fiabilidad de los favoritos e, incluso, de la parte media-baja de la parrilla.

Por eso, hay que eliminar tanto ruido y centrarse en los pocos datos objetivos que podemos obtener gracias a lo ocurrido, las predicciones de futuro y la experiencia de otras ocasiones. McLaren ha finalizado 9ª con 27 puntos en 2015. Honda ocupó esa misma plaza en 2008 con 14 (38 según el actual sistema de puntuación). En 2009, las cenizas del equipo nipón rebautizado como Brawn GP, arrasaron. Lo cierto es que "milagros" como ese no se dan mucho en F1, pero sirven para que un equipo con aspiraciones de mejorar coja confianza. Mucho tendría que pasar para que se diese el mismo caso pero, quizá, la mala experiencia de 2015 les haga ser mucho más comedidos en sus predicciones para 2016.

Este recelo propio a creer que pueden dar un gran paso adelante es, curiosamente, uno de los motivos para dudar menos de sus posibilidades. El segundo motivo es que, al estar tan atrás, tienen mucha mayor capacidad de mejora que los demás. Tener tantos problemas sólo tiene una parte buena: que están identificados. Si los "tokens" permiten solucionarlos todos el rendimiento debería crecer de forma exponencial. Dudo que sirva para repetir la hazaña de Brawn Gp, pero no sería nada descabellado pensar que puedan colarse entre los 5 o 6 mejores equipos y pelear por algún que otro podio. A todo ello hay que sumar algunos pequeños cambios en la reglamentación, en los compuestos de los neumáticos y en la más que presumible tendencia de la FIA y Ecclestone de "beneficiar a los débiles" para igualar la competición. Que Vandoorne marcará el mejor tiempo del test de Pirelli en Abu Dabi es una anécdota, como que Alonso marcará el tercer mejor registro en ese mismo circuito en la última carrera del año. Sí, lo es, pero no hay duda de que es mucho mejor ser el primero y dar 99 vueltas en un día de pruebas que no marcar tiempo en apenas 5 vueltas durante 2 jornadas de test llenas de problemas como ocurrió en 2014.

¿Se puede ser optimista con McLaren-Honda para 2016? Mi respuesta es que sí. ¿Hay que ser precavido? También. ¿Por qué? Porque nos llegarán informaciones y rumores de todo tipo. Leeremos y escucharemos que seguirán siendo una basura, que van a sorprender, que no cambiará nada, que cambiará todo, que Alonso está ilusionado o colérico, que Button está feliz o que se corta las venas... Así que calma, ante todo, calma. Hacerlo peor parece mucho más improbable que hacerlo mejor, en otras ocasiones hemos visto progresos que no nos creíamos, y la experiencia de un año y la mayor capacidad de cambiar partes de la unidad de potencia hace que en Woking puedan trabajar con esperanzas reales. Sí los datos que hablan de la moderada eficacia del motor de combustión son ciertas es muy probable que unos buenos retoques en la parte eléctrica supongan una mejora considerable. Como para todo en la F1, sólo tenemos que esperar a que el invierno se les haga corto.

EE.UU. 2015: Del bochorno al espectáculo

Los cambios de nivel de la pista de Austin se han convertido en una metáfora de lo ocurrido este fin de semana en el Gp de Estados Unidos de F1, Una montaña rusa de emociones, resultados y decisiones. Como es habitual, la nota negativa se la ha ganado la FIA y la FOM. Entre ambos han vuelto locos a unos organizadores que han respondido con solvencia a la incompetencia de los demás. Hubiera sido más vehemente y agresivo con Ecclestone, Todt y toda la panda, pero después de lo visto en la carrera he decidido que el mayor desprecio es no hacer aprecio. Han convertido a los espectadores en mártires (otra vez), han impuesto a los pilotos y equipos sus discursos para que todo no pareciera un chiste mayor y, lo que es más grave, han jugado con la seguridad de todos a su gusto. No merecen más tiempo ni palabras porque su poca falta de vergüenza y criterio es tan evidente que no necesita más explicación ni debate.

A pesar de los esfuerzos de tanto chupatintas e inversor sin escrúpulos por pervertir aún más la F1, la propia competición parece haberse revelado ante tanto ataque y ha dado un espectáculo tremendo. La clasificación, incluso recortada, ha sido un ejemplo perfecto de lo que es correr bajo la lluvia. Un aperitivo de lo que ocurriría 4 horas después. Con la tormenta desapareciendo por el horizonte imperó la cordura y, con la pista mojada, se dio la salida sin un coche de seguridad por delante.

Lo que vino después ha sido digno de ver repetido una y mil veces, una carrera histórica en la que no ha habido certeza ninguna de cómo acabaría todo. Hamilton ha sufrido para vencer y conseguir su tercer mundial. El británico se ha impuesto gracias a su esfuerzo y a un nuevo error de un Rosberg destrozado por verse, cada vez, más lejos del nivel de su compañero. El doblete de Mercedes se llegó a ver amenazado por unos Red Bull excelentes bajo una pista con condiciones cambiantes. Un gran inicio de carrera para ellos que acabó con un accidente para Kvyat y con un Ricciardo robando el último punto a un Alonso que vivió una carrera muy competitiva a pesar de su nula recompensa. Los McLaren se han mostrado mucho más competitivos y sólo algunos problemas de fiabilidad, y algo de mala suerte, ha evitado que se llevaran más puntos de Austin. Un botín que si ha logrado Toro Rosso, con una exhibición de sus dos pilotos. Verstappen y Sainz han puesto en apuros a media parrilla. Entre ellos, a los Ferrari, que han sucumbido durante algunas vueltas a los jóvenes del equipo de Faenza. Kimi no ha podido con ellos pero Vettel sí.

El alemán sigue aspirando al subcampeonato con su consistencia y buen trabajo. Dos características que hoy no han demostrado los hombres Williams, con problemas de fiabilidad, estrategia y de conducción. Dos abandonos a los que hay sumar otros 6, lo que ha permitido una gran 12ª plaza para Alexander Rossi en su carrera de casa; y una buena 5ª para Pérez antes de la suya. Es un escueto resumen de una cita que ha pasado de decepcionarnos como siempre a entretenernos como nunca.

Donde dije Pirelli digo fiasco

La actualidad manda, y aunque no quería volver a escribir sobre el esperpéntico caso Pirelli, no puedo ni quiero obviar algunos detalles para zanjar el tema por mi parte.

Voy a intentar ser muy claro con mis opiniones y ejemplificarlas con hechos ocurridos en el pasado. Lo primero que quiero decir es que estoy de acuerdo con cualquier cambio que mejore la seguridad de pilotos, personal de pista y espectadores. Si en realidad hay algún problema en este sentido me parece lógico que se realicen los cambios necesarios.

Salvado este extremo no entiendo las quejas de ningún equipo o piloto. Leo a muchos expertos y aficionados que creen que cualquier pasado fue mejor, y que ahora estamos viendo una competición adulterada. Según mi punto de vista están totalmente equivocados. ¿Por qué no hablan del límite de revoluciones del motor? ¿Qué pasa con los test de flexibilidad de algunos elementos? ¿Por qué no se vigila el camber de los coches?

Es incierto que en algunas épocas los pilotos exprimiesen al 100% su coche durante todas las vueltas de todas las carreras de F1, y si lo hacía era muy probable que destrozase su monoplaza o tuviese un accidente. ¿O tan poca memoria tenemos que no recordamos el humo blanco saliendo de motores destrozados, o negro de frenos exhaustos? Y alguno ya dirá que las verdaderas carreras se vivían en los 50´ o los 60'. ¡Pues menudos ejemplos! Años en los que los pilotos corrían en cajas de metal rellenas de combustible y con unos elementos mecánicos que ya no tienen ni nuestros coches de calle desde hace años; unas décadas en las que las medidas de seguridad de los circuitos eran pacas de paja y los cascos de los conductores (si los llevaban) eran simples gorros de piel. ¿Así que los que defienden el cambio de los Pirelli por ser poco seguros y adulterar la competición se basan en los primeros años de vida del campeonato? Ellos mismos se estrellan contra sus propios argumentos. Además, dudo que hayan visto muchas carreras en esa época, en las que la mayor parte de los adelantamientos los solía hacer el ganador cuando doblaba a todos los demás.

Y puedo seguir, y sigo. Hay otros que dicen que no se puede tener un elemento común que beneficie a unos y perjudique a otros. ¿Entonces que es la F1? Esto no es una copa monomarca, y no lo ha sido nunca. Cada uno tiene su chasis, motor y elementos aerodinámicos, y desde hace muchos años hay elementos comunes para todos. Lo único que pueden y tienen que hacer los equipos es adaptarse a ellos y no al contrario. No creo que esto necesite más explicación, pero por si acaso voy a hacer una comparación excesivamente simple y burda, pero que creo resultará muy clara: un equipo de fútbol que pide que se cambie el balón de una competición porque mete menos goles que los demás. ¿A qué es del todo absurdo? Pues lo de los Pirelli... igual.

También están los que defienden que los neumáticos duren toda una carrera y que desaparezcan elementos como el KERS y el DRS. Está claro que cuanto más se iguale el rendimiento de los monoplazas más importancia tendrán las manos del piloto pero, en la actualidad, eliminar algunas tecnologías y usar unos neumáticos indestructibles nos dejaría unas carreras en las que primaría el coche al 100% y el piloto sería un mero encargado de no salirse de pista y completar todas las vueltas. Los actuales coches de F1 están evolucionados al máximo y la única forma de igualar la contienda es incluir elementos comunes y cambiantes que hagan a los equipos esforzarse a la hora de configurar los automóviles.

Pero los primeros que tienen que 'mirarse' esa doble moral son los propios responsables de la F1 y sus equipos. El mayor tirón de orejas se lo merecen el señor Ecclestone y los integrantes de la FiA. Engañan a todo el mundo diciendo que su principal meta es que el espectador disfrute con carreras llenas de cambios de posición, adelantamientos y lucha en pista; y en cuanto lo consiguen quieren dar marcha atrás. ¿En que cabeza cabe eso? La respuesta es sencilla: en las mentes de una organización que hace mucho se convirtió en una 'ma-FiA' y de un acaparador de dinero (para ser el más rico del cementerio) que hacen la pelota a los patrocinadores de los equipos, y no a los equipos. Por si fuera poco, han puesto a Pirelli en el ojo del huracán cuando el suministrador de neumáticos cumple órdenes. Eso si, no creo que aguanten otra temporada más comiendo los marrones que les sueltan equipos y organizadores.

Así que, por mi parte, doy por zanjado el tema. Y lo hago enfadado con los equipos que lloriquean porque no saben como solucionar un problema y se quejan al 'profe' para que les ponga la misma nota a pesar de no haber hecho los deberes; con los otros equipos que no se plantan ante tal injusticia; con Pirelli por permitir que jueguen con su imagen de marca; y sobre todo con Ecclestone y la FiA que, buscando su beneficio propio, están minando un deporte a base de cambios de rumbo sin sentido y remiendos estúpidos. Sólo espero que los cambios de los neumáticos que lleguen en junio no acaben con el espectáculo que muchos estamos disfrutando.