Donde dije Pirelli digo fiasco

La actualidad manda, y aunque no quería volver a escribir sobre el esperpéntico caso Pirelli, no puedo ni quiero obviar algunos detalles para zanjar el tema por mi parte.

Voy a intentar ser muy claro con mis opiniones y ejemplificarlas con hechos ocurridos en el pasado. Lo primero que quiero decir es que estoy de acuerdo con cualquier cambio que mejore la seguridad de pilotos, personal de pista y espectadores. Si en realidad hay algún problema en este sentido me parece lógico que se realicen los cambios necesarios.

Salvado este extremo no entiendo las quejas de ningún equipo o piloto. Leo a muchos expertos y aficionados que creen que cualquier pasado fue mejor, y que ahora estamos viendo una competición adulterada. Según mi punto de vista están totalmente equivocados. ¿Por qué no hablan del límite de revoluciones del motor? ¿Qué pasa con los test de flexibilidad de algunos elementos? ¿Por qué no se vigila el camber de los coches?

Es incierto que en algunas épocas los pilotos exprimiesen al 100% su coche durante todas las vueltas de todas las carreras de F1, y si lo hacía era muy probable que destrozase su monoplaza o tuviese un accidente. ¿O tan poca memoria tenemos que no recordamos el humo blanco saliendo de motores destrozados, o negro de frenos exhaustos? Y alguno ya dirá que las verdaderas carreras se vivían en los 50´ o los 60'. ¡Pues menudos ejemplos! Años en los que los pilotos corrían en cajas de metal rellenas de combustible y con unos elementos mecánicos que ya no tienen ni nuestros coches de calle desde hace años; unas décadas en las que las medidas de seguridad de los circuitos eran pacas de paja y los cascos de los conductores (si los llevaban) eran simples gorros de piel. ¿Así que los que defienden el cambio de los Pirelli por ser poco seguros y adulterar la competición se basan en los primeros años de vida del campeonato? Ellos mismos se estrellan contra sus propios argumentos. Además, dudo que hayan visto muchas carreras en esa época, en las que la mayor parte de los adelantamientos los solía hacer el ganador cuando doblaba a todos los demás.

Y puedo seguir, y sigo. Hay otros que dicen que no se puede tener un elemento común que beneficie a unos y perjudique a otros. ¿Entonces que es la F1? Esto no es una copa monomarca, y no lo ha sido nunca. Cada uno tiene su chasis, motor y elementos aerodinámicos, y desde hace muchos años hay elementos comunes para todos. Lo único que pueden y tienen que hacer los equipos es adaptarse a ellos y no al contrario. No creo que esto necesite más explicación, pero por si acaso voy a hacer una comparación excesivamente simple y burda, pero que creo resultará muy clara: un equipo de fútbol que pide que se cambie el balón de una competición porque mete menos goles que los demás. ¿A qué es del todo absurdo? Pues lo de los Pirelli... igual.

También están los que defienden que los neumáticos duren toda una carrera y que desaparezcan elementos como el KERS y el DRS. Está claro que cuanto más se iguale el rendimiento de los monoplazas más importancia tendrán las manos del piloto pero, en la actualidad, eliminar algunas tecnologías y usar unos neumáticos indestructibles nos dejaría unas carreras en las que primaría el coche al 100% y el piloto sería un mero encargado de no salirse de pista y completar todas las vueltas. Los actuales coches de F1 están evolucionados al máximo y la única forma de igualar la contienda es incluir elementos comunes y cambiantes que hagan a los equipos esforzarse a la hora de configurar los automóviles.

Pero los primeros que tienen que 'mirarse' esa doble moral son los propios responsables de la F1 y sus equipos. El mayor tirón de orejas se lo merecen el señor Ecclestone y los integrantes de la FiA. Engañan a todo el mundo diciendo que su principal meta es que el espectador disfrute con carreras llenas de cambios de posición, adelantamientos y lucha en pista; y en cuanto lo consiguen quieren dar marcha atrás. ¿En que cabeza cabe eso? La respuesta es sencilla: en las mentes de una organización que hace mucho se convirtió en una 'ma-FiA' y de un acaparador de dinero (para ser el más rico del cementerio) que hacen la pelota a los patrocinadores de los equipos, y no a los equipos. Por si fuera poco, han puesto a Pirelli en el ojo del huracán cuando el suministrador de neumáticos cumple órdenes. Eso si, no creo que aguanten otra temporada más comiendo los marrones que les sueltan equipos y organizadores.

Así que, por mi parte, doy por zanjado el tema. Y lo hago enfadado con los equipos que lloriquean porque no saben como solucionar un problema y se quejan al 'profe' para que les ponga la misma nota a pesar de no haber hecho los deberes; con los otros equipos que no se plantan ante tal injusticia; con Pirelli por permitir que jueguen con su imagen de marca; y sobre todo con Ecclestone y la FiA que, buscando su beneficio propio, están minando un deporte a base de cambios de rumbo sin sentido y remiendos estúpidos. Sólo espero que los cambios de los neumáticos que lleguen en junio no acaben con el espectáculo que muchos estamos disfrutando.

Alonso y Ferrari: cero en realismo

Me encanta Ferrari desde que tengo uso de razón, y no se puede decir que lo hiciese por arrimarme al caballo ganador. Hasta que cumplí los 19 no vi a un piloto del equipo de Maranello conseguir un mundial. Viví una época dominada por Williams y McLaren en la que los coches rojos apenas conseguían victorias, y después otra en la que eran insuperables. Y me gusta que cualquiera que corra para ellos haga un buen papel y represente a su escudería como su historia y palmarés merecen.

Con esta pequeña introducción que hago no quiero justificarme, ni buscar apoyo ni comprensión. Sólo afirmar que lo ocurrido hoy en Sepang me duele mucho. He visto las 200 carreras de Alonso, y otros cientos  más antes de que llegará el asturiano a la F1. En mi memoria encuentro momentos memorables del corredor español y otros que no lo son tanto, pero lo de hoy no tiene nombre. Y no me pienso callar nada de lo que representa para mi todo lo que ha ocurrido el 24 de marzo de 2013 en Sepang.

Sé que muchos me tacharán de criticar sin razón, pero tengo demasiadas. Y son como fichas de dominó que empujan la una a la otra. La primera es que en cuanto Fernando Alonso se ve con un coche ganador pierde toda la humildad que acumula cuando tiene que luchar desde los infiernos. Cae esa primera ficha y la segunda va sola: sin esa humildad pierde el respeto por todos los rivales y, como su coche es bueno, la culpa de todo es de los demás, de la mala suerte y hasta de la justicia divina. La culpa de dañar su morro no es de Vettel, quizá tampoco suya, pero escurrir el bulto no es la respuesta. Pero hablemos de la tercera ficha que cae: sin humildad ni respeto todo parece posible, hasta que un alerón se sujete sin apoyo ninguno. Y aquí me voy a detener un poco más porque esta ficha no cae sola, lo hace con ayuda.

Muchos seguidores observábamos con ilusión como el coche dañado conseguía dar una vuelta y le daba la posibilidad de entrar en boxes, pero Alonso y Ferrari decidieron tirar nuestra ilusión por los suelos. Sea decisión del piloto, del equipo o de ambos, es un error. Se puede ir más lejos aún, y poner una muesca más en los fiascos de la FiA: por motivos de seguridad podemos sacar banderas rojas a lo loco, Safety Cars por doquier o retrasar sesiones de clasificación; pero ni un mísero mensaje de dirección de carrera para que un coche que era un peligro para si mismo y para lo demás entrase obligatoriamente a reparar sus daños. ¿Acaso nos hemos vuelto todos locos? ¿Desde cuando es más peligroso salirse de una pista encharcada a 150 km/h que perder todo el apoyo aerodinámico a 300? Si es el piloto el que responde de forma afirmativa a esta última pregunta es un inconsciente; si es el equipo es un irresponsable; y si es la FiA es incongruente e incompetente.

Vayamos con el cuarto error. Es lógico cabrearse con uno mismo al meter la pata, pero después de un pequeño descanso y reflexión hay que dar la cara y asumir el error. Pero claro, sin uno no es humilde, ni respetuoso, y se muestra inconsciente e irreflexivo, ¿qué la vamos a pedir? Pues nada. Y eso es lo que nos dio Alonso. Tras dos horas de silencio lo único que se le ocurrió es echar la culpa a Vettel y a la mala suerte. Estoy cansado del discurso de "es muy fácil criticar después de que haya ocurrido algo", es repetitivo y después de tanto escucharlo es imposible que no suene a excusa barata. Y más de lo mismo con el tema de la suerte... seguro que volveremos a escuchar eso de que la suerte se compensa y equilibra, pero que no nos engañen, esto no ha sido cuestión de la fortuna.

Y creo que hay un quinto problema, que en este caso recae por completo en su equipo: no se pueden asumir los errores de los pilotos como propios de toda la estructura.

No todo es sumar puntos o conseguir buenos resultados a toda costa. Y eso es algo que han perdido de sus objetivos casi todos los equipos y pilotos. Es lógico que hay que buscar la victoria porque esto es un deporte profesional, no un juego de patio de colegio. Pero como deporte, la competición es sólo una parte de un todo. Si nos olvidamos de valores como el compañerismo, el respeto, la justicia y el talento (entre otros) estamos haciendo un flaco favor a una disciplina que muchos critican por ser un negocio de ricachones que no es un verdadero deporte

Dentro de tres semanas volveré a vibrar cuando llegue la salida de la carrera de China, pero tardaré mucho en olvidar el capítulo de Sepang... y aunque mi primera crítica en profundidad ha ido para Alonso, tengo motivos más contundentes para demostrar porque hoy me he llevado una de las mayores desilusiones con la Fórmula 1 desde hace un cuarto de siglo.

Australia 2013: ¿Ha hecho bien la FiA?

Por supuesto que correr en un circuito no permanente, con bastante agua y anocheciendo no es seguro, y es lógico que se aplace una sesión de calificación, pero no así. No se puede convertir una situación atípica en una situación tópica. En todos los aspectos de la vida, y un deporte como la F1 no puede ser menos, hay imprevistos que provocan que haya que tomar decisiones rápidas. Hay que tener en cuenta muchos condicionantes que pueden chocar entre si como la seguridad y el espectáculo. Todo esto es cierto, pero en los últimos años se están repitiendo imágenes bochornosas que no deberían producirse en un mundo tan organizado, regulado y con expertos en los puestos clave. El problema de retrasar la Q2 y Q3 en Australia no es el fin del mundo, pero dice poco bueno de cómo trabaja la FiA últimamente. La Federación Internacional de Automovilismo lleva años gestionando mal una parte del pastel que les deja Ecclestone, y la clave es que van a remolque en algunos temas: regulan después de que los equipos hayan desarrollado soluciones tecnológicas y hablan después de que se produzcan polémicas absurdas; y en otros se ponen tiritas sin sufrir la herida, como pasa con la lluvia.

Sé que no asumirán su fallo, pero espero que sean conscientes y pongan remedio, porque es muy absurdo que una competición de coches de carreras en las que sólo se ven pilotos aburridos que no saben si bajarse del coche o no, operarios barriendo charcos y personas que cantan y bailan bajo la lluvia.