La cumbre de la fatalidad llegó el domingo. El ambiente enrarecido en Ímola era evidente. Menos de 24 horas después del fallecimiento de Ratzenberger se disputaba la tercera carrera de la temporada 1994 de F1. Ayrton Senna había conseguido las tres 'poles' y quería, por fin, terminar una carrera en Williams. La supremacía del binomio de los Grove con Renault había acabado con el de McLaren y Honda, y el brasileño había dado el paso después de la despedida de Prost, pero el inicio de la campaña no estaba siendo un paseo para el tricampeón.
La Federación Internacional de Automovilismo había cortado las alas al equipo de Sir Frank. La suspensión activa, que les había dado una ventaja extraordinaria, estaba prohibida... aunque siempre se ha sospechado que en Benetton sortearon las limitaciones de la normativa para dar a Schumacher un coche casi imbatible. El talento de Senna suplía las deficiencias de su Williams, sobre todo en clasificación, pero las carencias de diseño del nuevo monoplaza de Grove eran demasiadas. El brasileño llegó al Gran Premio de San Marino con mucha presión y necesitado de un buen resultado. Antes del accidente de su compatriota y del mortal desenlace del choque de Ratzenberger, parecía que Senna ya intuía que aquel fin de semana no era como los demás.
Las más sobrecogedoras e impactantes palabras sobre lo ocurrido hace dos décadas son las que el médico de la F1 entonces, Sid Watkins, cruzó con Senna después del fallecimiento del austriaco en la jornada del sábado. El doctor le intentó disuadir para que no disputara aquella fatídica carrera:“¿Qué más quieres lograr? Has ganado el título tres veces y ya has
demostrado que eres el hombre más rápido de la tierra. Déjalo ya y
vámonos a pescar”. Watkins, al que le unía una sincera amistad con Ayrton, relató en numerosas ocasiones que notó al piloto paulista muy tocado después del tremendo golpe de Barrichello y casi hundido por la muerte de Ratzenberger. A pesar de todo, Senna le contestó: “Sid, hay cosas sobre
las que no tenemos control y a pesar de ello no podemos dejar de
hacerlas”.
Seguidores y detractores, aquellos que le adoran y los que no, todos coinciden en una cosa: Senna era especial. Era rápido y brillante, talentoso y apasionado, brusco y controvertido; pero por encima de todo tenía algo que es imposible de explicar con palabras, y que aquellos que le conocieron percibieron cuando le veían pilotar, cuando le escuchaban y, sobre todo, cuando se concentraba antes de competir. Y es por eso, que aquel día, aquel 1 de mayo de 1994, todos nos encontramos con un piloto diferente. Con la mirada perdida... sin una sonrisa ni un gesto de tensión, parecía otro, alguien triste, abrumado por un ambiente enrarecido. Daba la impresión que en vez de hacer lo que más le gustaba fuese a cumplir una condena.
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Las cosas no fueron mejor en la salida de la carrera. Lamy empotró al Benetton de Lehto y el accidente causó heridas leves a nueve espectadores. De nuevo, otra señal que demostraba que aquel Gran Premio estaba maldito desde su inicio. La marcha se neutralizaba detrás del coche de seguridad mientras se despejaba la recta de meta. Hay que destacar que, en la reunión previa de los pilotos, Senna y Berger se habían quejado de la baja velocidad a la que circulaba el 'safety car', algo que afectaba negativamente a la temperatura de los neumáticos de F1, que perdían adherencia una vez relanzada la carrera.
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En el cuarto giro se retira el coche de seguridad y Senna aprieta para intentar escaparse de un agresivo Schumacher. Desde ese momento se multiplican las teorías: unas gomas muy frías dañadas por el periodo de bandera amarilla, un fallo en la suspensión, un problema con el fondo plano, una pieza suelta sobre el asfalto... Lo cierto es que el Williams de Ayrton, al inicio de la sexta vuelta, salió recto en la curva 'Tamburello' y se estrelló a más de 300 kilómetros por hora contra el muro. El resto es historia: las imágenes de los médicos intentando reanimar al brasileño en la pista, el helicóptero sobrevolando Ímola y el resto de pilotos hundidos mientras esperaban el desenlace.
Después llegaron las especulaciones sobre las causas del accidente, a las que no dedicaré ni una palabra más; y los múltiples actos en recuerdo del brasileño. Momentos en los que se vieron como todo el mundo de la F1 se unió para despedir a una de sus estrellas convertida en mito. Ayrton había fallecido pero su recuerdo sigue y seguirá vivo, sobre todo porque su mejor y mayor legado fue una intensa y gran carrera en pos de la seguridad en esta categoría y en todas las competiciones del mundo del motor. En su memoria, en la de Ratzenberger y en la de todos los que han perdido la vida en un circuito o en un tramo de rally, escribo estas líneas. Ojalá la lista se detenga de una vez.
Después del susto del viernes con Barrichello, el GP de San Marino de 1994 se cobraba su primera víctima el 30 de abril. El "veterano novato" de 34 años, Roland Ratzenberger, se salía de pista en la curva 'Tosa' y, aunque la celula resistía bien el golpe, el austriaco fallecía casi en el acto. La reacción de Senna, que correría la misma suerte al día siguiente, es sobrecogedora.
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Ratzenberger, después de disputar numerosas competiciones en Europa y Japón, lograba un asiento en el modesto Simtek Ford. El equipo no había conseguido fichar a sus primeras opciones y Roland, gracias al dinero que había logrado en sus últimas temporadas en tierras niponas, se subía al modesto monoplaza británico. En la primera cita ni consiguió clasifcarse para disputarse la carrera y en la segunda terminó 11º... a 5 vueltas del ganador de la prueba. La lucha por evitar las dos últimas plazas, que no daban derecho a colocarse en la parrilla, estaba muy apretada.
El austriaco, con el coche tocado, se mantuvo en pista para intentar mejorar su tiempo pero el alerón de su Simtek se desprendió. La total pérdida de adherencia lanzó su coche contra el muro a unos 300 kilómetros por hora. Aunque se intentó reanimarlo en pista, el choque había sido demasiado fuerte, y Ratzenberger decía adiós a la F1 y a su vida en Ímola. Después de un terrible susto el viernes y este trágico accidente el sábado, parece aún más increible que viviéramos otra jornada negra el domingo 1 de mayo con los últimos destellos de Senna.
Seguro que a muchos seguidores de Michael Schumacher no les hará mucha gracias que les recuerden que el primero de sus 7 campeonatos está repleto de momentos oscuros de principio a fin. No quiero hablar de las trágicas desapariciones de Roland Ratzenberger y Ayrton Senna, aunque el fallecimiento de este último siempre se relacionó con la excesiva presión que sufrió después de sus dos abandonos y las dos victorias del alemán.
Pero dejemos las especulaciones y lo ocurrido en Ímola aquel maldito fin de semana para la historia de la F1 y centrémonos en cómo se desarrolló aquella temporada. Después de ganar con facilidad los mundiales de 1992 y 1993, Williams-Renault comenzó sufriendo 1994 tras la regulación de la FiA de su ventajosa suspensión activa, el ABS y el control de tracción. Los de Grove cumplieron con la legislación, pero dudaban de los métodos que usaba Benetton-Ford para conseguir resultados como el de la primera carrera de aquel año en Brasil que ganó Schumacher después de doblar al segundo clasificado: Damon Hill. Después de otro grave accidente en Mónaco que mantuvo a Mark Wendlinger semanas en coma, la FiA se dio cuenta de que los coches eran igual de rápidos que en 1993 pero la prohibición de elementos electrónicos les había hechos muy peligrosos.
Los responsables de la Federación Internacional de Automovilismo también empezó a observar que algo olía mal en el coche de Schumacher, que llegó a Francia con 66 de 70 puntos posibles, y con Hill a 37 de distancia. El alemán empezó a demostrar su gusto por las maniobras dudosas en Silverstone cuando adelantó a Hill en la vuelta de formación y se negó a hacer caso a una bandera negra. Además fue suspendido en otros dos eventos por esta maniobra irregular, y perdió la victoria lograda en Spa porque su fondo plano no cumplía con la distancia mínima respecto al suelo. Todos estos contratiempos y una mayor igualdad en el rendimiento de Benetton y Williams hizo que Hill llegase a la última prueba de 1994 sólo un punto por detrás de Michael.
Llegaba la 16ª cita del mundial con la pole de un Mansell recuperado para sustituir a Coulthard para ayudar así a Hill en su lucha con Schumacher y a Williams con el mundial de constructores. A pesar de la primera posición de la primera y tercera posición de los británicos, la segunda del alemán daba miedo a los de Grove que seguían sospechando que el sistema de salida de Benetton tenía algo "especial". Sus sospechas se confirmaron, pero no fue hasta la vuelta 35 de la carrera en Adelaida cuando se decidió el campeonato de 1994.
Una forma muy controvertida y oscura de finalizar una temporada que estuvo marcada por unos cambios normativos que desequilibraron aun más la competición y la hicieron mucho más peligrosa. En aquella curva en Australia se decidió un mundial con un toque al borde de lo legal que dejó fuera a Schumacher y a Hill con la suspensión rota. Con los dos fuera, el alemán se convertía en campeón por primera vez. A pesar de que demostró maneras de gran piloto y cuajó unas actuaciones memorables, la temporada 1994 estuvo marcada por la polémica y las dudas sobre el cumplimiento de las normas de algunos competidores. Schumi venció, pero no convenció en muchos sentidos. Como seguidor de Ferrari me alegré con el paso adelante que dio el equipo cuando llegó el alemán, pero os aseguro que no me disgusté cuando Hakkinen le plantó cara a finales de los 90´ o cuando Kimi y, sobre todo, Alonso marcaron un cambio de generación que inició la caída de un Schumacher que dominó sin importarle en qué condiciones lo hiciera: algo que empaña unas estadísticas de récord y que hace que muchos locos de la F1 pensemos que sus 7 títulos mundiales no le convierten en el mejor piloto de la historia.