Previa Brasil 2018: ¿Qué ocurrió en 2017?

La carrera de Interlagos en 2017 quedó cerca de decidirse el sábado. Hamilton no llevaba ni dos minutos sobre la pista brasileña cuando se salió de pista y se chocó contra las protecciones. Un adiós prematuro que le condenó a ser el último en parrilla (acabo saliendo desde el 'pit lane') y entregó las llaves de la 'pole' a su compañero y a ambos Ferrari, y también las de la carrera. Kimi se descartó de esa pelea en el primer intentó en Q3 mientras Vettel superaba por milésimas a Bottas. La segunda ronda fue a la inversa: primero marcó tiempo el alemán, que no mejoró y vio como el finlandés se quedaba con la vuelta más rápida de todo el fin de semana.

Los Mercedes abrían y cerraban la parrilla pero esta situación duró muy poco. Valtteri no arrancó bien y Sebastian lideró la cita en Brasil con firmeza y seguridad. Su victoria solo peligró cuando Bottas intentó superarle adelantando su cambio de neumáticos. Fue el último momento en el que ambos estuvieron cerca, pero el piloto nórdico no inquietó al líder. Casi lo hizo más un Hamilton que aprovechó la estrategia, los incidentes y que su coche era el mejor en pista para remontar como si nada. Llegó a presionar a Räikkönen durante los últimos giros, y si le hubiera superado podría haber estado cerca de haber luchado por la victoria.

En medio de esta pelea por el podio estuvieron los dos Red Bull. Verstappen cumplió colándose en cuarta posición en la parrilla y Ricciardo también, quinto en parrilla. Viendo los problemas del coche austriaco con sus neumáticos y el déficit de potencia del motor Renault respecto al Mercedes y al Ferrari, era aún más destacable la remontada del australiano, al que una carambola entre Magnussen y Vandoorne le condenó a la última posición en la primera vuelta. Si valoramos todos los condicionantes, quizá la carrera de Daniel hubiera sido mejor puntuada que la de Lewis.

La vida en los mejores equipos, aunque tenga sus momentos duros, es mucho más cómoda que en el resto. Si no, que se lo pregunten a Massa, Alonso o Pérez, por ejemplo. Los tres batallaron por repartirse las plazas de su particular podio. El brasileño se despidió (otra vez) de su afición con un séptimo puesto que logró gracias a la velocidad punta de un Williams que se comió al McLaren en la relanzada tras el coche de seguridad que salió tras los incidentes de la primera vuelta.

Octavo fue Alonso, que no pudo contener a su excompañero Felipe tras conseguir superar a Pérez en los primeros metros, y eso que el asturiano salió bastante mal. El español alabó el trabajo de su equipo y la calidad de su monaplaza mientras deseaba "suerte" a Toro Rosso para 2018 con un motor Honda al que criticó sin piedad, aunque parecía que con razón. Si no hubiera sido porque se defendió cuando pudo, no perdió tiempo con quien no debía y por el 'DRS' de los coches que le precedían hubiera acabado sufriendo una lluvia de ataques y adelantamientos. Por lo menos, en su lucha, solo perdió plaza con Massa y la mantuvo con Pérez. Los tres fueron los últimos que no fueron doblados por la cabeza y sacaron mucha ventaja a unos Renault muy poco competitivos durante el domingo, que en el coche de Hülkenberg se llevaron su único premio, un punto que no sumó Sainz, cerca de Nico pero sin llegar a ponerle en aprietos en todo el fin de semana.

Previa EE.UU. 2018: ¿Qué ocurrió en 2017?

Hamilton, como también ocurre este año, tenía en 2017 la oportunidad de salir campeón de Austin e hizo todo lo necesario para conseguirlo. Dominó desde los primeros entrenamientos y logró una 'pole' que perdió en la salida para recuperar unos cuantos giros después. Desde ese momento gestionó la carrera de una forma tan impecable que provocó que Vettel arriesgara con una estrategia que llegó a comprometer esa segunda plaza que le mantuvo con vida en una pelea por un mundial que Lewis solo podía perder si sufría una debacle en las últimas tres carreras de 2017. Sumar solo 8 puntos en tres citas y que Sebastian lograra 75 era un auténtico milagro para el alemán..., como el que necesita también en 2018.

Ferrari no sufrió problemas en Estados Unidos pero el ritmo de Hamilton fue inigualable. Los de Maranello trabajaron muy bien en ese gran premio pero no hubo error por parte del que ya se sentía campeón. Vettel lo hizo bien en la salida, aguantó todo lo posible y se la jugó con una estrategia muy comprometida que le obligó a realizar un adelantamiento espectacular sobre un Bottas desdibujado. Los italianos hubieran cosechado un gran resultado en Austin si en vez de llegar necesitados hubieran logrado los puntos a los que aspiraban en Singapur, Malasia y Japón. Por eso, entonces solo les quedaba aspirar a mantener la competitividad para llegar a 2018 mejorando su fiabilidad, misma solución que necesitaba Red Bull.

Los austriacos tenían un pequeño déficit respecto a Ferrari y Mercedes en clasificación pero llegaron a ser mejores que ambos en carrera. Lo demostró Ricciardo hasta que su motor Renault dijo basta, y sobre todo Verstappen. El holandés hizo una remontada espectacular que coronó con un podio logrado en la última vuelta pero que le fue arrebatado por un polémica decisión de los comisarios, que consideraron que superó a Kimi sin respetar los límites de la pista. Entiendo a los que defendieron que fue sancionado con justicia porque su coche adelantó al del finlandés por el exterior de la pista pero no entiendo que otros que incumplieron la norma no recibieran ningún castigo por ello. Puede que mereciera la sanción pero es un jarro de agua fría para pilotos como el holandés, que pueden pensárselo dos veces antes de arriesgar para dar espectáculo..., aunque visto lo visto no parece que las sanciones le pesen demasiado.

Max fue el piloto del día pero no el único que hizo vibrar a la afición. Tanto Hamilton como Vettel respondieron a lo que se espera de dos candidatos al título pero no podemos olvidarnos de otro de los protagonistas en Austin. Carlos Sainz tenía una buena papeleta para resolver con su llegada precipitada a Renault. El madrileño no cometió ningún error con un coche nuevo para él y se adaptó con una velocidad espectacular. Por si esto fuera poco, clasificó de forma brillante y aspiró a la sexta plaza tras realizar un adelantamiento tremendo a Pérez, que se defendió con gran agresividad y limpieza. La maniobra de ambos es un ejemplo para todos, los que lo intentan y los que se defienden.

La séptima plaza que logró el español era a la que aspiraba su compatriota Alonso. Fernando estaba firmando un fin de semana con un rendimiento muy competitivo que le llevó a entrar con solvencia en Q3 e inmiscuirse entre los Force India. Todo iba bien hasta que el motor Honda de su McLaren volvió a dar problemas. Parecía que iba a celebrar la renovación con un buen resultado pero fue con otro abandono más que no hacía más que llenar de razones a un equipo que depositaba todas sus esperanzas en un motor Renault que desfalleció en con Hulkenberg y Ricciardo.

No falló en el Toro Rosso de un Kvyat que pudo despedirse (por el momento) de la Fórmula 1 en tierras estadounidenses porque los de Faenza seguirán apostando por Gasly y el debutante Brendon Hartley, aunque el ruso puntuara en Austin y ni el francés ni el neozelandés parecieran una garantía de que podrán imitar a sus predecesores. Apuesta difícil del equipo italiano que podía perder Y perdió) la sexta plaza que entonces ocupaban en un mundial de constructores ya había ganado Mercedes, que sumaba su cuarto  título consecutivo, todos los disputados en la nueva era híbrida. El quinto está cerca pero este año no lo podrán celebrar en Estados Unidos.

Previa Singapur 2018: ¿Qué ocurrió en 2017?

Hamilton llegaba a Singapur en 2017 con un sueño, perder el menor terreno ante un Vettel que hizo lo que tenía que hacer el sábado. Sebastian hizo la 'pole' y mezcló entre él y su máximo rival a tres coches: los dos Red Bull y su compañero de equipo. El germano tenía todo de cara para recuperar el liderato y salir con un buen colchón de puntos ante un Lewis que tendría muy complicado subir al podio. Todo iba muy bien hasta que la lluvia apareció y eso que era un elemento que le podía haber supuesto más problemas todavía, pero todo lo que le podía salir bien, le salió bien.

La primera cita de esta segunda gira asiática era histórica al convertirse en la primera, después de 969, en la que una carrera de F1 se disputaría de noche y con la pista mojada. Nadie quería defraudar pero Kimi fue el primero en hacerlo. El finlandés salió muy bien y enseguida alcanzó a Verstappen. Y esta vez tenía que defender al joven Max: ni siendo conservador hubiera evitado el bocadillo que hicieron con él los dos Ferrari. Räikkönen le cerró hacia un lado después de unos primeros metros estupendos y Vettel lo hizo desde el otro tras arrancar fatal. En apenas unas décimas de segundo, el holandés se vio acorralado y sin posibilidad de apartarse hacia algún lado o de frenar para evitar problemas mayores. Tanto fue así que los dos coches de Maranello se tocaron entre ellos para acabar sin puntos una cita en la que tenían que recortar distancias con unos Mercedes que habían demostrado algo de debilidad.

Lo sentí como ferrarista y como espectador, porque nos privaron de ver qué podía hacer Verstappen en estas condiciones cambiantes, y también de un Alonso que, tras el abandono de Vettel, se hubiera colocado justo detrás de Hamilton. El español hizo una salida perfecta, con la misma estrategia que el británico. Lewis fue por el exterior y se puso líder, y Fernando iba tras él pero no pasó. La carambola de golpes entre Kimi y Verstappen acabó contra un McLaren que había sido competitivo durante todo el fin de semana y que, visto lo visto, podía haber llevado al español hasta el podio o, al menos, rozarlo.

En el cajón estuvieron un Bottas que aprovechó los fiascos ajenos para lograrlo porque sufrió el acoso de sus perseguidores, como de un Palmer que llegó a adelantarle en pista. Es curioso que el británico llegará a adelantar a un Mercedes el fin de semana que se daba por hecho que no seguía en F1, y que su víctima acabe de ser renovado en uno de los equipos que permite pelear por el mundial. El otro integrante del podio era un brillante Ricciardo. El australiano sumaba y seguía, no paraba de cuajar actuaciones llenas de mérito. Es un superviviente que va muy rápido, que lee las carreras como pocos y que merece entrar en ese grupo de grandes pilotos en el que muchos meten a su compañero y no a él.

A este selecto grupo seguía luchando por llegar un Hulkenberg que peleó por el podio hasta que su Renault desfalleció, aunque ese mismo coche permitió a su compañero puntuar por primera vez en F1 gracias a una gran sexta plaza que podía evitar que su asiento (en 2018 ya será de Sainz) pasara a ser del madrileño en la siguiente carrera. Motivos no les iban a faltar a los de la marca del rombo para sentar a Carlos Sainz Jr. en uno de sus coches porque estuvo muy cerca del podio. Su cuarta plaza sabía muy bien para un piloto que no cuenta con la fama de otros en la F1 pero que en 2017 estaba demostrando que su sitio está entre los mejores.

Sainz contuvo a un durísimo Pérez y no cometió ningún error, como si hizo Kvyat. El ruso se quedó sin puntuar en una cita en la que sobrevivir casi te entregaba los puntos. Puntos valiosos como les que sumó Sainz para meter a Toro Rosso en la pelea por ser el quinto mejor equipo; como los de Vandoorne para suplir y maquillar un resultado que debería haber sido mucho mejor para McLaren; o los de Stroll para acercarse a su compañero, un Massa que protagonizó una fea maniobra al arrinconar al Haas de Magnussen contra el muro. El brasileño siguió en F1 en 2017 y acabó dañando su imagen en una competición en la que siempre fue muy cuestionado.

Previa Bélgica 2018: ¿Qué pasó en 2017?

Hamilton demostró en Spa su mejor versión ante unos Ferrari muy competitivos que no le pusieron nada fácil igualar el récord de 'poles' de Michael Schumacher ni sumar su quinta victoria del año. El británico firmó una vuelta perfecta el sábado y defendió esa primera posición durante un domingo complicado. Vettel no dejó de perseguirle en todo momento. Sebastian le intentó adelantar en pista y también a través de una estrategia que le brindó una oportunidad perfecta con un coche de seguridad muy oportuno que pilló a los Mercedes sin neumáticos ultrablandos y a los Ferrari sí.

Lo que parecía una lucha desigual, con los germanos con las ruedas blandas (las más duras disponibles), sólo inquietó a Lewis en el relanzamiento de la carrera, donde un error le permitió tener más potencia de la habitual; mientras que a Bottas le costó el podio y una cuarta plaza que perdió con Kimi. El que sí aprovechó las circunstancias por completo fue un contundente Ricciardo. El australiano no desperdicia ninguna oportunidad para demostrar que es el más infravalorado de los pilotos que corren en los tres grandes equipos de esta temporada. Su Red Bull si le permite hacerlo porque lo de Verstappen empezaba a rayar con la fatalidad.

Avería en su país de nacimiento (aunque es holandés) y ante unos 20.000 compatriotas tiñendo de naranja las gradas belgas. Mal final para él y también para el piloto local, este si es belga, que debutaba con un F1 en su casa. Vandoorne sufrió dos cambios de motor que le condenaron al fondo de la parrilla y a tener que entregar su ayuda a su veterano compañero. Alonso aprovechó el favor que le iba tocar devolver en Monza para rozar la Q3 con un McLaren que se comportaba de forma perfecta en las curvas de alta velocidad pero que sufría en las rectas cuando no tenía un rebufo del que alimentarse.

Sus quejas por radio, suavizadas después de un nuevo abandono, seguían dando a entender que conformaba un frente común con su equipo para provocar que Honda se rindiera y diera paso a un nuevo suministrador de motores. La experiencia me decía que todo podía pasar, pero las sensaciones me hacían pensar que británicos y nipones estaban condenados a entenderse, además, porque la única alternativa no ofrecía ninguna garantía de competitividad a corto plazo. Renault no era la respuesta para McLaren ni tampoco para Fernando... y el tiempo me ha dado la razón. En el caso del piloto tenía más fácil encontrar una salida, aunque no en la F1 tras las renovaciones de Vettel y Kimi, y las casi hechas en Mercedes; pero en el del equipo... podían agravar una crisis incipiente que estaba (y está) hundiendo a un equipo llamado a pelear por todo.

La crisis de los de Woking era muy distinta a la de Williams, con un coche que ya no tenía ningún punto fuerte, y que estaba condenado a dar patadas al problema hacia delante y esperar a acertar con sus decisiones. También era diferente el de Force India, que no supo cortar una guerra interna con sus pilotos al primer atisbo. Las maniobras de Pérez en Spa merecían que el mexicano se quedará en el dique seco una carrera. Estranguló a Ocon contra el muro en dos ocasiones y eso provocó el abandono para el mexicano y una buena merma de puntos para el galo. Esteban fue el que sufrió pero tras la carrera fue demasiado beligerante con un compañero que, aunque solo en parte, asumió su error. La situación era insostenible y mantener a su pareja en las mismas condiciones solo podía provocar nuevos enfrentamientos al límite en la pista. Debían y tenían que luchar, pero la limpieza en las maniobras y la seguridad está por delante de todo.

En Renault no tenían esos problemas y su linea es claramente ascendente. Palmer tuvo su mejor fin de semana pero un problema mecánico le dejó sin pelear en Q3 y sancionado. Mientras tanto, Hulkenberg volvía a pescar más que nadie y a demostrar que él no falla si su monoplaza no lo hace. Nico pelea por alcanzar en la clasificación del mundial a un Carlos Sainz que sonaba como compañero en 2018 y acabó siéndolo unas carreras después. El madrileño estaba haciendo una temporada espectacular, sin apenas errores y con unos resultados que parecían increíbles después de ver como estaba siendo lastrado por su coche, las maniobras del otro Toro Rosso y algunas decisiones de los comisarios un tanto polémicas.

Previa Hungría 2018: ¿Qué ocurrió en 2017?

Tras la primera fila de Ferrari del sábado parecía que el domingo se avecinaba un paseo para los bólidos encarnados pero el destino les tenía preparada una jugada que a más de uno nos hizo pensar en un final tan aciago como el que sufrieron en Silverstone unos días antes. Me incluyo entre los que pensaba que su estrategia de mantener a Kimi como escudero de Vettel era un error. No parecía que poner en peligro al único coche italiano sin problemas al alcance de los Mercedes fuera la opción más sensata, pero así lo fue. Ni Bottas ni Hamilton pudieron con el finlandés, que hizo la goma con su compañero y sufrió tras él pero se mantuvo firme ante los tímidos ataques de los monoplazas plateados. La carrera la ganó Sebastian pero se la debía a Raïkkönen.

La segunda plaza era poco premio para el finlandés pero con su trabajo se ganó una renovación por la que nadie apostaba meses antes. Solo un fiasco tremendo podía acabar con una pareja de pilotos condenada a entenderse, o que Kimi reflexionara y pensara si quería seguir en la F1 sin posibilidad alguna de ganar un campeonato más, ni siquiera una carrera. Ferrari le podía ofrecer, si no lo había hecho entonces, un año más al fiel escudero de un Vettel que, con la certeza de que tiene un coche competitivo, renovaría hasta 2020 (más o menos). Leclerc tendría que foguearse y es lo que está haciendo en Sauber; y aquellos que presagiaban un retorno de Alonso a la 'Scuderia', asumir que su apuesta era y es una locura..., siempre y cuando no ocurriera un auténtico terremoto.

Ese cataclismo parecía más factible en un equipo Mercedes que había vuelto al realismo de la competición después de tres temporadas de dominio exasperante. Esa dosis de realidad llegó en mal momento para un Bottas que empezó dubitativo pero que estaba cumpliendo con su equipo y su compañero. Su labor como escudero de Hamilton era (y es) tan evidente como la de Kimi en Ferrari pero Lewis hizo algo extraño en un mundo en el que los trofeos y los puntos no se regalan así como así. El británico lo hizo y muchos veían un gesto con múltiples interpretaciones: desde una cierta "desgana" del tricampeón hasta un toque de rebeldía ante unas órdenes de equipo que no eran tan claras cuando compartía garaje con Rosberg. Repitieron que no les importó que Hamilton cumpliera su promesa de devolver la posición a Valtteri tras intentar pero no conseguir adelantar a los Ferrari, pero no les gustó nada que una decisión estratégica permitida fuera revocada por su piloto. 

Si hablamos de puertas, huecos y situación animada tenemos que mirar hacia Red Bull (y su equipo 'B'). Para una de las pocas carreras que Verstappen acaba y bate a su compañero, lo hacía llevándoselo por delante. Era una cita en la que podían dar mucha guerra, y viendo los problemas que tuvo Vettel con su volante, y la estrategia conservadora por la que optaron, hubiera sido un espectáculo ver a Max y Ricciardo unirse a una lucha a seis por la victoria en Hungría. Pero no, el holandés arruinó las aspiraciones del australiano y enrarecía aún más un ambiente en un equipo que parecía trabajar sólo para que el jovencísimo talento siga a cualquier precio aunque eso suponga que su compañero y aspirantes a serlo, como Sainz, sean infravalorados y tratados como pilotos de tres al cuarto. El terremoto en Red Bull se estaba cocinando y veríamos qué quedaría en pie.

Aunque parezca increíble, las aguas más calmadas las llevaba el río más revuelto de 2017. McLaren sacrificó Silverstone para llegar a Hungaroring limpios de sanciones y con el material lo más "fiable" y nuevo posible y sus dos pilotos respondieron. Entraron en Q3 y en los puntos, y demostraron que si eliminábamos el motor de la ecuación tendrían un monoplaza para luchar con los mejores (o eso parecía entonces). Su comportamiento en pistas en las que el paso por curva, la tracción y la frenada contaban más que la aceleración y la velocidad punta, les hizo ser el cuarto mejor equipo de la parrilla. Alonso sudó para recuperar plaza a su compatriota y Vandoorne para sumar su primer punto del año pero los de Woking no estaban tan lejos de los líderes ni tenían tan cerca a otros equipos que en el resto del circuitos les quitan las pegatinas.

El español dio espectáculo sobre la pista tras un adelantamiento trabajado sobre Sainz después de no conseguirlo en los primeros giros y efectuar una queja poco beligerante pero que sobró de todas formas. No la vi necesaria y menos después de que McLaren errará en la estrategia para superar al madrileño en la parada en 'boxes' y condenara a su piloto a intentarlo, otra vez, en pista. No deberíamos haber oído esa queja pero sí que considero un acierto su papel de actor secundario tras la entrega de trofeos. He leído quejas sobre cómo Alonso acabó sentado en una tumbona, sosteniendo un mensaje y mostrando una sonrisa. Que si robó protagonismo al podio, que si es una imagen bochornosa, que si es tonto por prestarse a ello, que si le quieren contentar... Bobadas y más bobadas. La escena fue simpática y que la F1 tuviera esa idea con el agrado y participación del piloto es algo de aplaudir. Su gesto y el de Hamilton convirtieron una carrera aburrida y táctica en una cita en la que dos campeones se portaron como tal.

No así se comportó Magnussen. Celebró su renovación con Haas con otro fin de semana decepcionante en lo deportivo y reprobable en lo personal. En su batalla con Hulkenberg superó los límites y después de la carrera aún más, con una respuesta sin modales, respeto ni sentido alguno ante un Nico que solo reclamaba unas disculpas más que justas. El de Renault tiene pasta y manos de campeón, cosa que el danés no. Sin penalización hubiera salido por delante de Alonso con un coche con peor chasis que el McLaren y luchó por remontar y puntuar, pero las artimañas de Kevin acabaron con él.

Eso ayudó a que los dos Force India volvieran a puntuar en una pista que no se adaptaba a su coche y a que, delante de ellos, acabara un Sainz que llevó a su Toro Rosso a una séptima posición que parece un sueño viendo el nivel de su coche y dónde acabo Kvyat. Carlos pilotó perfecto y solo Alonso pudo con él en otro fin de semana en el que fue patente que un año más con los de Faenza sería un desperdicio. Necesitaba estar en un monoplaza que le exija más para ver si podía luchar con los mejores o conformarse con ser un piloto más.

Dentro de este grupo de pilotos está un Di Resta que se subió a un Williams en horas bajas y que en Hungría evidenció que tiene muchas carencias cuando al coche se pide algo más que acelerar y acelerar. El británico suplió a un indispuesto Massa que intentó competir hasta última hora y eso le restó tiempo de preparación al reserva de los de Woking. Apenas pudo ser penúltimo en clasificación y tuvo que abandonar a pocas vueltas del final, poca recompensa a un esfuerzo difícil de ver pero con mucho valor. Una pena que pilotos como él tengan que esperar oportunidades tan poco gratificantes mientras otros con menos talento pero más dinero las tienen cada fin de semana y las malgastan con muchas más facilidades.

Previa Gran Bretaña 2018: ¿Qué ocurrió en 2017?

Mercedes se llevó un doblete de Silverstone en una edición que pintaba muy complicada para tal objetivo con un Bottas que salía en la 9ª plaza tras clasificar mal y penalizar por cambiar la caja de cambios. La parte de Hamilton parecía más fácil y el británico lo hizo aún menos difícil con un ritmo insuperable en carrera después de una clasificación en la que apabulló al todos. Lewis volvió a repetir triunfo en casa, y es que desde 2014 sólo gana él, y desde 2013 la victoria y las 'poles' son cosa del equipo de la estrella gracias al primer puesto de Rosberg aquel año. Parece que el antiguo aeródromo es terreno Mercedes y, para un año que alguien podía poner en peligro su dominio, el fresco (casi frío) verano de Silverstone ayudó a los chicos de Wolff y Lauda. El calor le venía bien a su máximo rival ya que sus neumáticos trabajaban mejor a mayor temperatura pero cuando la cosa se enfriaba, las 'flechas plateadas' no mostraban ninguna debilidad y daban rienda suelta a todo su potencial.

Hamilton lo hizo en cabeza y Bottas desde el medio de la parrilla. Valtteri salió bien y remontó aún mejor. El finlandés lo volvió a hacer todo bien (salvó clasificar un poco más arriba el sábado) y eso le permitió acabar justo detrás de su compañero. Arrancada, adelantamientos, ritmo y estrategia se unieron para permitirle subir a un podio que tenía complicado pero que se ganó con claridad. La segunda posición fue un gran premio que estaba cerca de alcanzar sin aprovechar problemas ajenos pero que consiguió gracias a esta razón.

El compatriota de Bottas estaba superando a su compañero de Ferrari durante todo el fin de semana cuando un pinchazo parecía destrozar sus aspiraciones de repetir su mejor resultado de 2017 y, por décima vez en diez carreras, acabar por detrás de Vettel. Pero si el destino estaba siendo cruel con Kimi, lo fue aún más con Sebastian. El aprieto en el que se encontró el '7' de los de Maranello se reprodujo y se amplificó para el '5'. El neumático del germano pinchó pocos segundos después de arrebatar la plaza de podio a su vecino de garaje pero, en su caso, tenía que dar casi toda la vuelta para intentar cambiar sus gomas y volver a pista. Cuando lo logró había perdido mucho tiempo y solo pudo ser séptimo para sumar lo justo para mantenerse líder con solo un punto de ventaja sobre Hamilton.

Vettel fue la punta de lanza para calmar los nervios pero lo cierto es que los 'tiffosi' empezábamos a sentir que nos encontramos ante un caso similar a 2013. Ferrari comenzó bien, ganando carreras ante un Red Bull que seguía siendo superior al resto, pero todo fue un espejismo. No estábamos en la misma situación, o eso creía, pero recuerdo como hace 5 años Alonso llegó a inquietar a Vettel, que en las 10 primeras carreras solo logró 3 victorias pero que en las 9 últimas hizo un pleno histórico, un récord que nadie ha batido. Confiaba en que Lewis no fuera capaz de igualar esa hazaña y que los de Maranello no volvieran a las andadas con sus 'peoras' y dieran, por lo menos, los mismos pasos adelante que diera Mercedes para que el campeonato fuera vibrante hasta el final y no nos fuéramos de Europa con la sensación de que ya estaba todo decidido.

Lo que si se podía decidir en los dos meses que faltaban para que la F1 volviera a poner rumbo a Asia era el futuro de muchos pilotos. Dos que estaban con su cabeza pendiendo de un hilo eran Palmer y Kvyat. El británico poco pudo hacer con un coche que no le permitió completar la vuelta de formación pero su año estaba siendo nefasto. El ruso sumaba fiasco tras fiasco y las quejas sobre Sainz por un incidente que provocó él levantaron una auténtica oleada de voces críticas que pedían a gritos que su asiento en Toro Rosso lo ocupara otro piloto. Las aguas bajaban muy revueltas en Faenza y la primera victima parecía que iba a ser Kvyat por su pobre rendimiento y comportamiento.

Sainz quería ser una "victima", pero a petición propia. El madrileño dulcificó su discurso pero en Red Bull ya sabían que aspiraba a algo más, y si no había hueco en el primer equipo debían empezar a pensar en buscar un buen precio de venta para que otra escuderia de la parrilla se hiciera con los servicios de un piloto que necesitaba probarse en un coche más competitivo. Algo que esta vez si pudo hacer Verstappen aunque se quedó sin el premio de un podio; y con un Ricciardo muy cerca de él tras realizar una perfecta remontada con susto incluido que no le impidió superar a un Hulkenberg que seguía demostrando que estaba muy por encima del rendimiento de su Renault.

Quien no necesitaba probarse era Alonso, que pasó del éxtasis ante una parroquia difícil pero entendida como la británica; a la nada. Arrancó una de las ovaciones más cerradas en mucho tiempo con su intento a la desesperada por pasar de la Q1 con un arriesgado cambio de neumáticos, de los de mojado a seco, que le permitió ser el más rápido en una sesión en la que basta con cumplir el expediente. El español le puso una pizca de emoción a un momento intrascendente para él pero lo hizo por algo más que por ser el más rápido.

Quiso demostrarse a si mismo, a su equipo y, sobre todo, a otros equipos y a los aficionados que estaba en la F1 para competir al máximo nivel y que, como hizo el sábado, aprovecharía cualquier rendija para ser el primero. No fue solo espectáculo ni un arrebato más de un piloto frustrado. Esas dos vueltas de Fernando en la Q1 de Silverstone son una metáfora de sus movimientos en el mercado de pilotos: se la jugaba al límite y si le salía bien podía ponerse muy arriba, pero si le salía mal podía quedarse fuera de McLaren y de la Fórmula 1. Algo que no sucedió en 2017 pero que en 2018 si puede producirse.

Previa Austria 2018: ¿Qué ocurrió en 2017?

La carrera se empezó a decidir en dos momentos previos al domingo que beneficiaron al que acabaría siendo el ganador en Austria. El viernes finalizó con unos entrenamientos dominados por un Hamilton que vio como sus posibilidades de triunfo se reducían ante una inoportuna sustitución de la caja de cambios de su monoplaza que le penalizaría 5 posiciones en la parrilla de salida. Y el sábado, para rematar la faena a Lewis, su compañero se hacía con la 'pole' en el primer intento y Vettel se situaba en segunda posición, posiciones que no cambiarían porque Grosjean se quedaba "oportunamente" detenido cuando todos iban a intentar mejorar sus registros. Bottas se colocaba en una situación perfecta para ganar e hizo todo lo que tenía que hacer, sobre todo en una salida prodigiosa para unos y sospechosa para otros.

El finlandés convertía su segunda 'pole', esta vez sí, en su segunda victoria. Se llegó a investigar si su arrancada fue legal y es que llegó a parecer que no lo era. Creo que se puede asegurar que es la salida más rápida vista nunca sin ser ilegal. Valtteri controló bien la primera parte de la carrera pero la mejor gestión de los neumáticos por parte de los Ferrari en la segunda puso en peligro su victoria. Vettel no pudo inquietar al de Mercedes hasta después del cambio de gomas, momento en el que el germano empezó a arañar décimas al líder la carrera. Tanto fue así que, antes del podio, Sebastian le dijo al ganador en Spielberg que le había faltado una vuelta para poder superarlo... y quizá tuviera razón.

También la pudo tener un Hamilton que hizo lo que se esperaba: remontar. Sólo le faltó un adelantamiento para subir al podio y haber restado unos cuantos puntos perdidos ante su máximo rival. Lewis no llegó a los puestos de privilegio por culpa de un Ricciardo inspiradísimo. El de Red Bull exprimía todas las oportunidades que se le presentaban y ya sumaba cinco podios consecutivos que contribuían a ridiculizar el papel de un Kimi demasiado irascible y errático; y de un Verstappen desquiciado entre errores propios, fallos mecánicos y mala suerte.

Max se quedó fuera en la primera curva por culpa de un Kvyat que jugó a los bolos con un Alonso que salió perfecto y un holandés que lo hizo fatal. El ruso cometió un error terrible que acabó con dos carreras y arruinó alguna otras más, y por todo ello pagó poco, muy poco. El castigo poco iba a influir en su resultado final pero resulta pobre que al de Toro Rosso le impusieran un 'drive through' por chocar de forma irracional contra un rival y que, minutos después, los comisarios decidieran castigar a Verstappen de la misma forma por ignorar unas banderas azules. 2017, esa temporada en la que las decisiones iban a ser menos intrusivas y comedidas se estaba convirtiendo en un disparate que arruinaba a algunos pilotos mientras a otros les dejaba hacer casi de todo.... vamos, la misma vergüenza de siempre.

El español se quedó fuera de una cita en la que, gracias a su buena salida y al ritmo que después vimos en su compañero, hubiera podido puntuar sin demasiados problemas. El McLaren seguía sin levantar cabeza por culpa de unos motores Honda (o eso decían) que evolucionaban poco y despacio. Aunque se esforzaban en desmentir que había una guerra a tres bandas entre los nipones, los de Woking y el asturiano, lo cierto era que existía. Los dos primeros querían transmitir que su compromiso no se iba a romper, algo que colocaba a Alonso lejos de su equipo actual y, visto lo visto, de la F1. Ferrari y Mercedes le cerraban (y cierran) las puertas; en Red Bull ni se lo planteaban; y en Renault, único sitio donde le ofreceían un nuevo regreso, ya le avisaban de que se olvidara de ganar a corto plazo. Si una carambola no cambiaba los planes de todos estos equipos, parecía que el asturiano se quedaba sin opciones de garantía en la Fórmula 1.

El futuro de Alonso empezaba a verse comprometido mucho más que el de Sainz, a pesar de todo lo que ocurría esos días. Declaraciones cruzadas, intencionadas y un exceso de celo por parte de todos. El madrileño dijo una verdad como un templo, que un cuarto año en Toro Rosso no entraba dentro de lo normal. El joven piloto lo decía por algo, porque tenía ofertas y la única forma de retenerlo era proporcionarle un asiento en Red Bull. Y claro, las verdades duelen, y todos los jefes del equipo de la bebida energética pusieron el grito en el cielo y cargaron contra él y su padre. El comportamiento de Marko y Horner, a mi parecer, fue digno de un grupo mafioso. Sus críticas tiraban por tierra sus propios argumentos y dejaban a las claras que solo quieren a Sainz como un recambio eterno que acabarían por echar a perder. No estábamos hablando de un Alonso o un Hamilton, pero el madrileño tenía (y tiene) manos suficientes para tener la oportunidad de pilotar un mejor coche, y aunque a sus jefes les doliera, si no le dejaban hacerlo en su casa, lo haría en otra.

El Toro Rosso, con problemas durante todo el fin de semana, no le permitió ni acabar. Si lo consiguió Grosjean que firmó la mejor plaza de Haas en 2017, en parte gracias a su oportuno problema en la Q3 del sábado; también los dos Force India; y los dos Williams, que lograron puntuar a pesar de que sufrieron la peor clasificación en mucho tiempo, pero que aprovecharon los problemas de los McLaren y Renault para dejar a británicos y franceses sin puntuar.

Previa Canadá 2018: ¿Qué ocurrió en 2017?

Hamilton comenzó a ganar la carrera del Gp de Canadá 2017 con una vuelta espectacular el sábado por la tarde. La lucha por la 'pole' dejó muy claro que el británico y Vettel eran los únicos aspirantes que siempre pueden optar a la victoria y, claro, al título. Lewis "solo" tenía que mantenerse en el liderato y no sufrir ningún problema en las primeras curvas para vencer en Canadá, y lo logró. No salió perfecto pero la guerra abierta que provocó la rapidísima salida de Verstappen desencadenó una tormenta detrás de él que le benefició a él y destrozó la carrera de los Ferrari.
Después de esa pelea, Hamilton solo tuvo que controlar su ritmo y ver como sus rivales se quedaban estancados detrás de unos Red Bull competitivos pero que no llegaban a los tiempos que consiguían los dos mejores equipos de 2017. Es curioso que el pasado año, en el que los de Maranello han alcanzado e, incluso, superado a los de Brackley; Lewis hubiera logrado dos de los cuatro 'grand chelem' que había sumado hasta la fecha en esa temporada: China y Canadá. El coche germano seguía siendo el rival a batir a pesar de que el de los italianos podía pelear en igualdad de condiciones en casi todos los terrenos. Casi, porque aunque les veíamos hacer 'poles' en algunos circuitos lo cierto era que en este capitulo tenían un ligero déficit que les puede condenar a sufrir más salidas como la de Montreal.

El Ferrari no clasificaba mal ni salía mal pero es cierto que Mercedes era más rápido los sábados y los Red Bull eran una gran amenaza en los primeros metros del domingo. Las diferencias eran mínimas pero podían suponer golpes y contratiempos innecesarios. Vettel tenía ritmo para, por lo menos, hacer sudar la victoria a Hamilton y acabar tras él para no dilapidar gran parte de su ventaja; pero todo se fue al traste en un bocadillo que cocinaron Bottas y Verstappen. Ambos salieron mejor que el germano y le relegaron a la cuarta plaza, y con un toque en el alerón delantero de regalo que le obligó a pasar por el garaje y que nos permitió ver una remontada incompleta que le dejó sin podio por primera vez en 2017.

Problemas para Sebastian y también para Kimi, que acumulaba todos los problemas que aparecían en su coche y que ayudaron a Ricciardo a conseguir su tercer puesto en el cajón de forma consecutiva. Max lo pudo tener más fácil que su compañero, pero como en el caso del finlandés en Ferrari, el holandés acumulaba gran parte de los problemas del Red Bull. La salida del jovencísimo Verstappen fue para enmarcar pero una avería eléctrica lo dejó fuera de juego otra vez y sin un podio que tenía en la mano. El australiano fue el que se llevó el premio ante un Vettel al que le faltó una vuelta para alcanzarle, un Kimi con problemas en su coche y unos Force India que le amenazaron sin inquietarle.

Pérez y Ocon pelearon entre ellos y perdieron una oportunidad única para lograr un podio. Aunque el mexicano dijo que si su compañero no pudo superarle a él, menos aún lo hubiera podido hacer con Ricciardo, creo que se equivoca ya que Esteban fue muy limpio con 'Checo' en sus intentonas. El galo tenía más ritmo y parecía tener más posibilidades de superar al australiano, y con las declaraciones de Pérez creo que la próxima vez no se lo pensará tanto a la hora de meter el coche aunque eso puede suponer que ambos Force India acaben su carrera de forma prematura..., algo que acabó ocurriendo en la siguiente cita, la de Bakú.

Tras ellos (y Kimi) llegaron a los puntos tres coches que se beneficiaron del caos inicial que provocó Sainz al cerrar en exceso a Grosjean, tocarse con él y salir lanzado contra Massa. El madrileño se equivocó y acabó con la carrera del brasileño y arruinó la del francés, además de complicar la de otros pilotos. Hulkenberg se aprovechó de las circunstancias y además realizó una gran carrera para volver a puntuar con un Renault que solo puntúa gracias al buen papel de Nico. Stroll estrenó su casillero de puntos con una novena plaza agridulce en casa. Esta era una buena pista para el Williams pero el joven canadiense clasificó mal, no salió bien y tampoco realizó una exhibición en Montreal; pero cuando pudo adelantar lo hizo y no perdió tiempo en batallas que tenía perdidas. No fue brillante pero supo aprovechar la oportunidad y eso, después del año que llevaba, ya era bastante. El último punto fue para Grosjean, que después de sufrir el incidente de la primera vuelta se sobrepuso y aprovechó los problemas mecánicos del otro Toro Rosso, el de Kvyat, y el del McLaren de Alonso.

Lo del equipo de Woking era un desastre completo. No vivían ningún fin de semana sin contratiempos y eso que el trabajo de sus pilotos era titánico. Vandoorne tenía suficiente con no tirar la toalla con un coche que no le estaba permitiendo desarrollarse al nivel que necesita un novato; y Fernando chocaba una y otra vez contra un muro que le impedía sumar un punto para, al menos, motivar a un equipo que trabajaba hasta la extenuación con un material pobre en rendimiento y fiabilidad. Su abandono a pocos kilómetros del final cuando acariciaba su primer punto del año era duro y aceleraba un divorcio que ya se estaba fraguando. McLaren y Honda iban a separar sus caminos porque era inevitable para la supervivencia de ambos y para mantener a un Alonso que llevaba meses ofreciéndose a un mercado que en los próximos meses parecía que iba a vivir un auténtico cataclismo, lo que se ha retrasado a un 2018 en el que sí que se espera un buen movimiento de pilotos.